Por qué los servicios privados indexados pueden demorar una desaceleración más marcada de los precios en Argentina
La recomposición de los precios relativos de la economía argentina redujo los desalineamientos acumulados desde antes de la pandemia: para Gonzalo Carrera, economista de Equilibra, el proceso dejó menos rubros con valores alejados de sus referencias históricas, aunque las tarifas y los servicios indexados todavía pueden presionar sobre la inflación.
En noviembre de 2023, cerca del 60% de los componentes del Índice de Precios al Consumidor presentaba una diferencia superior o inferior al 20% respecto de noviembre de 2019, una vez descontada la inflación. Para agosto de 2026, esa proporción había caído al 20%.
La reducción se apoyó en el abaratamiento real de bienes vinculados con la apertura comercial y un tipo de cambio apreciado. Ropa, equipamiento para el hogar y otros productos durables quedaron más de 20% por debajo de los niveles registrados antes de la pandemia.
El equipamiento para el hogar acumuló una caída real de 27%, mientras que muebles, electrodomésticos, electrónicos y otros artículos importables siguieron una trayectoria descendente. En conjunto, los denominados bienes ancla se abarataron 31% desde 2023.
Carrera considera que esos productos podrían continuar aumentando por debajo del promedio general, aunque estima que ya hicieron la mayor contribución a la desaceleración de los precios. “Pareciera que ya aportaron el grueso en materia desinflacionaria”, sostuvo.
El economista también advirtió que la apreciación cambiaria habría llegado a un límite. Su efecto no se restringe a los precios de los bienes importables, sino que alcanza a la actividad económica y al empleo.
Carne, restaurantes y libros por encima de los valores de 2019
La carne quedó 25% más cara en términos reales que en noviembre de 2019, mientras que los restaurantes y hoteles acumularon una suba de 37%. Los diarios y libros se ubicaron 15% por encima de aquella referencia y los insumos para la construcción, 3%.
La evolución de la carne todavía podría colaborar con una menor inflación si la demanda se mantiene débil y no reaparecen presiones internacionales sobre los precios. Esa posibilidad depende de que no se modifique el escenario externo para ese mercado.
Los restaurantes y hoteles responden a una dinámica distinta. Carrera vinculó sus aumentos con hábitos consolidados después de la pandemia: “Parecen mostrar un cambio estructural postpandemia, asociado al mayor consumo fuera del hogar y al uso de aplicaciones de delivery”.
Para el economista, ese cambio dificulta una reversión de los precios relativos en ese sector. El mayor consumo fuera del hogar y la expansión de las entregas a domicilio sostienen una demanda diferente de la que predominaba antes de la emergencia sanitaria.
Los servicios privados también atravesaron una recuperación. Alquileres, expensas, medicina prepaga, telefonía y educación recuperaron rentabilidad durante los últimos dos años, pero sin quedar caros frente a sus niveles históricos.
Carrera los definió como servicios “indexados pero realineados”. El riesgo reside en que sus mecanismos de actualización trasladan la inflación pasada hacia los precios futuros y pueden demorar una desaceleración más marcada.
“Será necesario frenar” esa indexación en algún momento, planteó el economista de Equilibra. La desindexación aparece así como una condición para reducir la inercia que persiste en los servicios privados.
Tarifas con cobertura de costos todavía insuficiente
Las tarifas de los servicios públicos conservan margen para nuevos ajustes, pese a que una parte sustancial de la recomposición ya fue realizada. En energía, el incremento fue similar en todo el país, mientras que el transporte registró una corrección mayor fuera del Área Metropolitana de Buenos Aires.
La cobertura de costos continúa por debajo de los niveles necesarios para aliviar la presión sobre las cuentas fiscales. Electricidad y gas cubren menos del 65% de sus costos, mientras que el transporte del Gran Buenos Aires se mantiene por debajo del 35%.
Ese nivel de cobertura deja abierta la posibilidad de que las tarifas vuelvan a impulsar el índice general de precios a medida que continúe la recomposición. Carrera sintetizó ese margen pendiente al señalar que “restaría algo de tarifas”.
La estructura actual difiere de la vigente a fines de 2023: los bienes favorecidos por la apertura comercial y el tipo de cambio contribuyeron a contener los precios, mientras algunos servicios y las tarifas aún necesitan corregir sus valores relativos.
“El grueso de los precios relativos estaría cerca de alinearse”, afirmó Carrera. La próxima etapa dependerá de si esa normalización permite una menor nominalidad, de la evolución de los precios internacionales y de la sostenibilidad del tipo de cambio real sobre la actividad y el empleo.
