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Carne cada vez más cara: el consumo se hunde y toca mínimos de más de dos décadas

Carne cada vez más cara: el consumo se hunde y toca mínimos de más de dos décadas

La carne vacuna está dejando de ser un alimento cotidiano para una parte cada vez mayor de los argentinos. No porque haya desaparecido de la mesa por una transformación cultural ni porque el consumidor haya decidido voluntariamente cambiar sus preferencias, sino porque su precio se volvió demasiado elevado para el ingreso de los hogares.

Los números son contundentes. En los primeros siete meses de 2026, el consumo interno de carne vacuna cayó 12% respecto del mismo período del año pasado. En términos de consumo por habitante, el promedio móvil de los últimos doce meses se ubicó en 46,3 kilos anuales, un 9,4% menos que un año atrás y el nivel más bajo para julio en más de dos décadas.

Detrás de ese desplome aparece un dato central: los precios de la carne aumentaron muy por encima de los ingresos y de la inflación general. Durante el último año, los cortes vacunos registraron incrementos superiores al 50%. El cuadril aumentó 53,6%, la carne picada común 53,5%, el asado 52,1%, la paleta 51,2% y la nalga 49,2%. En el mismo período, el pollo entero aumentó bastante menos.

La consecuencia es casi inevitable: cuando un alimento que ocupa un lugar importante en la dieta familiar aumenta mucho más rápido que el salario, los consumidores terminan comprando menos y eso genera que aparezcan otras opciones más asequibles.

El precio es el principal protagonista

Durante mucho tiempo, la carne vacuna tuvo un lugar privilegiado en la alimentación argentina porque, además de formar parte de la cultura gastronómica, era relativamente accesible para amplios sectores de la población. Sin embargo, ese equilibrio se rompió.

El problema no es simplemente que la carne esté cara en términos absolutos. Lo determinante es cuánto cuesta en relación con los ingresos de una familia. Una persona puede seguir comprando un producto cuyo precio aumentó 50% si su salario aumentó en una proporción similar. Pero si el precio del producto sube mucho más que los ingresos, la capacidad de compra se deteriora.

Un informe difundido durante el primer semestre mostró que los precios de los cortes vacunos habían avanzado muy por encima de la inflación general y del pollo, generando una fuerte pérdida de poder de compra para los hogares.

Por eso, el dato del consumo no debería sorprender. La carne se encareció y la gente dejó de comprarla en las mismas cantidades. Durante junio y julio, los precios minoristas de algunos cortes comenzaron a mostrar estabilidad. En junio, por ejemplo, el relevamiento del IPCVA registró una suba promedio de apenas 0,3% mensual, mientras algunos cortes incluso tuvieron pequeñas bajas.

Según cifras difundidas recientemente, los ingresos laborales habían aumentado alrededor de 35,9% interanual, mientras los cortes vacunos acumulaban subas cercanas al 52%.

Eso significa que una familia que destinaba una determinada cantidad de dinero a comprar carne ahora necesita mucho más para adquirir exactamente lo mismo. No se trata solamente de un corte de carne. Es uno de los productos que mejor representan el vínculo entre el consumo y el poder adquisitivo de los argentinos.

La carne picada, que durante mucho tiempo funcionó como una de las opciones más accesibles dentro de la carne vacuna, también registró una fuerte suba interanual. Su precio aumentó 53,5% en el último año. Esto es particularmente relevante porque muestra que el encarecimiento no se limita a los cortes considerados premium.

Incluso aquellas opciones que históricamente permitían mantener el consumo de carne con un presupuesto más ajustado se volvieron más difíciles de sostener.

El cerdo y el pollo, las alternativas más económicas

Cuando una familia reemplaza un kilo de carne vacuna por pollo porque prefiere el pollo, estamos frente a un cambio de preferencias. Cuando lo hace porque el kilo de carne vacuna cuesta demasiado, estamos frente a una pérdida de poder adquisitivo.

Y los datos actuales parecen mostrar que el segundo fenómeno tiene un peso determinante. La diferencia de precios entre ambas proteínas es cada vez más importante. Mientras los cortes vacunos acumularon aumentos superiores al 50% interanual, el pollo tuvo una evolución considerablemente menor.

La soja texturizada también emergió como una opción importante en términos económicos. En este caso, la proteína de origen vegetal tiene un rendimiento mucho superior en relación al precio.

La exportación agrega otra dimensión al problema. Las ventas externas de carne vacuna vienen mostrando un desempeño favorable y permiten a la industria acceder a mercados con precios atractivos. Pero la disponibilidad de carne para el mercado interno también está condicionada por la menor producción y por la rentabilidad relativa de cada destino.

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