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El discurso de Cristina: repetición, épica y pasión

El discurso de Cristina: repetición, épica y pasión
El diario Perfil reunión a tres opiniones de especialistas argentinos para analizar las palabras presidenciales en sus sucesivas apariciones públicas. Opinan Eliseo Verón, Dante Palma y Oscar Steimberg

Cristina Kirchner dejó de lado los formalismos y, sea en cadena nacional o en un acto partidario, utiliza recursos coloquiales para sus discursos. Bromas, chicanas y retos se entremezclan en su discurso. ¿Qué implica esta forma de expresarse? ¿Qué cuestiones políticas se ponen en juego?
Para el semiólogo Eliseo Verón “es un síntoma de la inexistencia de las instituciones. Esa informalidad nos reenvía a la ilusión neopupulista, bajo la idea de que ‘nada me separa del pueblo’. Es una informalidad, sin mediaciones, como algo familiar”. Verón plantea que “la cuestión del presidencialismo extremo lleva a un presidente por fuera de las instituciones. En todos los casos donde se da, ha facilitado eludir las mediaciones institucionales”.
“Todo se juega en ese círculo cerrado donde ella habla con sus amigos y ministros. Es como un club deportivo”, agrega el autor de La semiosis social, quien dictó clases en la Sorbona y dirigió la Maestría de Periodismo en la Universidad de San Andrés, junto con el Grupo Clarín.
El filósofo de la UBA y panelista de 6, 7, 8 Dante Palma opina que “uno supone que el poder político es patriarcal y que el jefe político habla en términos racionales, y Cristina tiene una mixtura: por un lado tiene un discurso típico de estadista y de golpe tiene una veta femenina más pasional, afectiva y coloquial”.
Y añade: “Es una construcción extraña: si uno ve a las grandes mujeres del mundo, como Bachelet o Merkel, tienen un aspecto varonil. Cristina tiene un elogio de la femeneidad, y hasta ella se ríe de su coquetería. Es un dicurso que se mezcla con el discurso racional”.
Para Oscar Steimberg, ex titular de la cátedra de Semiótica de la UBA, “Cristina tiene una velocidad, en términos del discurso, donde no hay prácticamente puntos y aparte, eso hace que la argumentación pase por los distintos tipos de discurso sin que pierda el carácter de argumentación. Hay un estilo personal porque generalmente estas cosas aparecen separadas”.
Steimberg agrega que “no es un estilo nuevo, ya el peronismo remite a una coloquialidad: ‘Perón, Perón, qué grande sos’. El voseo era algo nuevo”.
Por su lado, Marcelo Arias, docente de Análisis del Discurso y Semiología de la Universidad de Lomas de Zamora, explicó que “la apelación al registro de lo coloquial es parte de un proceso que trasciende el ámbito del discurso político. Se lo puede rastrear en el discurso periodístico televisivo con cierta estampa clásica del conductor de noticiero (estilo Biasatti) y en la figura del conductor informal, ‘amiguero’ y pretendidamente gracioso (estilo Lapegüe). En el ámbito político, esto encuentra un punto de condensación superlativo durante la asunción de Néstor Kirchner, al momento de recibir el bastón presidencial”.
Efecto de sentido. Ahora bien, ¿qué produce en la recepción este estilo? Verón opina que esta estrategia discursiva “empieza a repetirse y a ser un poco predecible”. Y añade que es un denominador común a los “neopopulismos”, como en Bolivia o Venezuela. En este sentido, Palma, titular de la cátedra Filosofía, Lenguajes y Comunicación de la Universidad de San Martín, discrepa: “Es una tradición de discursos latinoamericanistas, pero Cristina no tiene un discurso parecido al de Chávez o Correa. Ella tiene una impronta femenina, y es capaz de no leer, hablar de números y de repente de sus hijos”.
Arias compara este estilo con el de otros políticos: “Binner es un paradigma de un estilo formal, clásico, a quien cuesta imaginar como una figura capaz de lograr que la ciudadanía se sienta interpelada. El kirchnerismo tiene como uno de sus rasgos la vocación de interpelar, de promover debates frente a los cuales resulta muy difícil no tomar partido”.
Verón añade un riesgo si el coloquialismo se radicaliza: “Si hay una exacerbación de su discurso coloquial, y la situación general del país empeora, esto va a afectar su discurso y va a aparecer cada vez como más psicótico. Ella tiene su manera particular de articular lo coloquial y lo épico”.
Cacerolazos. En este marco, ¿es improvisada esta forma del discurso? Para Verón “debe ser una mezcla de improvisación y guión”. Dante Palma piensa que “no es coloquial adrede, no la veo a Cristina con un asesor al lado diciéndole que tiene que ser de determinada manera. Hay una apuesta del kirchnerismo a la comunicación sin intermediarios ni periodistas”.
Oscar Steimberg, por su parte, apunta que “hay una relación notable entre un discurso parlamentario, con datos, y la coloquialidad de un discurso para los íntimos. Es un estilo diferente, pero también es, como en Néstor Kirchner, un discurso del énfasis”.
Otro tema relacionado es el uso de la cadena nacional. Marcelo Arias opina que “ante la elocuente mala fe del mensajero, la cadena es un recurso de comunicación directa que saltea intermediaciones”.
¿Qué implica entonces que en medio de las últimas cadenas se hayan generado cacerolazos? Palma responde: “Determinados medios han generado odio a la palabra de la Presidenta. La gran paradoja es que los sectores presuntamente dialoguistas no quieren escuchar”.
fuente: Perfil

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