Dos tercios de México están bajo la influencia del narcotráfico

Las garras del poder narco tuercen los brazos políticos de México y mientras el presidente Felipe Calderón se esfuerza por mostrar las conquistas de su guerra total contra las drogas como una victoria en curso, los datos reflejan otra cara de la realidad política, el desolado horizonte de la derrota. De acuerdo a un informe del Senado mexicano, las organizaciones criminales controlan ya las dos terceras partes del país y los muertos no terminan de contarse de a decenas. Y sólo ayer, la cita “méxicorojo” en la Web daba cuenta de múltiples narconoticias en el país: el secuestro y asesinato en Ciudad Juárez del rector de una universidad privada, el origen hondureño de 30 de los 72 inmigrantes muertos la semana pasada en la masacre de Tamaulipas y la caída de 30 sicarios en un choque con el ejército en Monterrey, al norte del país.
PERFIL accedió al informe titulado “Ayuntamientos y crimen organizado”. Elaborado por la Comisión de Desarrollo Municipal del Senado mexicano, es lapidario: 195 alcaldías –equivalentes a los municipios argentinos–, se encuentran bajo dominio directo del crimen organizado mientras que las organizaciones delictivas controlan en grado diverso otras 1.536. En total, el 71% del territorio político de base del país permanece bajo influencia narco. Y la violencia se expande sin tregua, en la batalla del Estado federal contra los carteles, además de la lucha de los narcocriminales entre sí por el control de las rutas de la droga.
“En la mayoría de las alcaldías mexicanas existe una estructura criminal capaz de controlar los negocios del crimen organizado, el narcomenudeo, el cultivo y tráfico de drogas, el secuestro y la extorsión. Los carteles sí que han sabido la fórmula de la ecuación. Han entendido que el municipio, al ser el nivel de gobierno más cercano a la gente, es el que había que conquistar”, reveló el documento que asestó un golpe fulminante a Calderón cuando celebraba su último trofeo, la captura de Edgar Valdez Villareal, “la Barbie”, heredero del Cartel Beltrán Leyva.
Para contrarrestar al Senado, Calderón resaltó en su cuarto informe anual de la presidencia el jueves último, los logros estadísticos de su guerra. En el segundo apartado titulado “Estado de Derecho y seguridad”, argumenta que el gobierno atrapó o aniquiló entre septiembre de 2009 y agosto de 2010 a 38 líderes de la delincuencia organizada, entre ellos, Ignacio Coronel Villareal, capo del Cartel del Pacífico, y el “jefe de jefes”, Marcos Arturo Beltrán Leyva, líder del cartel que lleva su nombre y uno de los más buscados del mundo. Pero la cifra de capturados asciende a 82 mil si se considera el total de delincuentes relacionados con el narcotráfico.
No obstante, el balance ejecutivo apenas alude en forma escueta a la “Operación Limpieza”, el plan destinado a depurar las fuerzas de seguridad de las infiltraciones del poder narco. Y no cita la denuncia que el Senado hizo pública esta semana pero que los medios remarcan desde la última elección regional de julio de este año, sobre los vínculos cada vez más estrechos de políticos con las bandas criminales, sobre la base de “apoyo logístico” y “silencios cómplices”.
“La estrategia del presidente es errada. Nació de la necesidad de encubrir una grave crisis política en 2006 por la cual casi no toma juramento y que lo tuvo bajo riesgo de ser derrocado por un movimiento opositor que sigue sin reconocerlo”, describió desde el DF a PERFIL Diego Osorno, autor de Oaxaca Sitiada y El Cártel de Sinaloa. Una historia del uso político del narco. “Calderón decidió hacer una guerra para legitimarse en el cargo. La historia prueba que siempre acaban mal quienes gobiernan con sangre”, agregó.
La narcopolítica en México no es un fenómeno nuevo. De hecho, el triunfo del Partido Acción Nacional (PAN) en 2000, de la mano del ex presidente Vicente Fox, se dio en el marco de una fuerte reacción social contra el Partido Revolucionario Institucional (PRI) tras 72 años de hegemonía durante los cuales se multiplicaron los ejemplos de connivencia entre poder político y carteles de la droga. Pero ahora el fenómeno pareció cobrar nueva vida involucrando a dirigentes de todas las fuerzas. Sólo en los últimos meses, diez alcaldes del estado de Michoacán y 17 funcionarios que revistaban en áreas con responsabilidad en la lucha contra la droga fueron arrestados por tener nexos con delincuentes.
“Los políticos y profesionales con voluntad de servicio se han visto obligados a cambiar de vocación. Los individuos más capaces para adaptarse al contexto de violencia y corrupción no necesariamente son las personas más comprometidas”, destacó el Senado. Mientras tanto, la sangre no deja de correr en Narco México.