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Casi la cuarta parte de los argentinos está endeudada en cuotas

Casi la cuarta parte de los argentinos está endeudada en cuotas
Con una inflación que los analistas privados estiman que se encuentra en torno al 25% anual, endeudarse en pesos es negocio, más aún si es a tasa cero, como ocurre con muchas de las promociones que ofrecen las grandes tarjetas de crédito. Y no son pocos los argentinos que lo están aprovechando. De acuerdo con el economista Andrés Méndez, de Finsoport, hay 7 millones de personas que deben $ 10.000 o menos (sobre un total de 9 millones de deudores); suman aproximadamente una deuda de $ 21.000 millones, o un promedio de $ 2900 por cabeza.
Con la memoria todavía fresca sobre cómo actuar en tiempos de aumentos de precios, los individuos prefieren guardarse el efectivo y consumir en cuotas o financiándose con el banco. Así, entre el público minorista, el crédito que más crece no es el hipotecario o el prendario, que involucra generalmente decisiones que no suelen responder a una necesidad de consumo básico, pero sí de corto plazo. De acuerdo con una encuesta de la Fundación Mercado, casi un 74% de las personas que hoy piensan comprar un bien durable, como es un electrodoméstico, dice que planea pagar financiándose con un préstamo personal (un 53%) o utilizando los planes de cuotas que ofrecen las tarjetas de crédito (20,6%). Sólo el 16,7% prevé usar efectivo, contra el 20% en 2008 y más de 25% en 2007. Cristian Forestier, director de Marketing de Megatone-Grupo Carsa, confirma la tendencia: dice cerca del 80% de las ventas que realiza la casa de electrodomésticos son financiadas, con una deuda promedio por cabeza que ronda los $ 3000.
‘En el último año se incrementaron la cantidad de transacciones y el uso de las tarjetas, a partir de los planes de cuotas sin interés’, coincide Pablo Kemec, gerente general de Tarjeta Nevada, el plástico líder en la región de Cuyo. ‘En el interior no replicamos lo de las 50 cuotas, pero hicimos promociones de hasta 24 pagos’.
Siempre que la tasa sea cero o menor al 20% -por debajo de la inflación real proyectada-, aclara Hernán Hirsch, de RSH Macroeconómica, comprar en cuotas puede resultar bien atractivo. Por ello es que, señalan en bancos y en las empresas emisoras de plásticos, los titulares de tarjetas usan las promociones, pero no aumentan su financiación de saldos (esto es cuando el cliente paga sólo el monto mínimo del resumen). Después de todo, según los datos disponibles en el BCRA, las tasas que cobran los bancos por la financiación de saldos se ubican entre el 31,6% y 36% más IVA en abril de este año, bastante por encima de la inflación estimada, aun por los analistas privados.
La cabeza de la pirámide
El fenómeno del consumo financiado, sin embargo, no es un fenómeno de masas. La mayoría de la gente que hoy acumula deuda no pertenece a los segmentos más bajos de la población, sino a los medios y medios altos. ‘Cada vez que hablamos de la financiación en cuotas hablamos de segmentos medios de la población, que tienen límites en las tarjetas que les alcanzan para comprar cosas con un ticket promedio de $ 3000’, reconoce Nerio Peitiado, gerente de banca minorista del Supervielle, el principal emisor de MasterCard del mercado. ‘El sistema está siendo más generoso de alguna manera con los segmentos más altos, dado que muchas de las promociones no llegan a los segmentos más bajos’.
Los planes de 50 cuotas sirvieron, no obstante, para ampliar los beneficios de las tarjetas a los individuos de ingresos medios, cercanos a los $ 3500. ‘Si no, sólo quienes ganan 5000 pesos o más -los primeros dos deciles de la población, según la medición del Indec- podrían acceder a un LCD de 10.000 pesos’, subraya Dardo Ferrer, de la Fundación Mercado.
Pero con una economía en donde la informalidad asciende a casi el 40% de la población la discriminación parece inevitable. ‘Las cuotas sin interés, lo mismo que los descuentos con tarjeta, benefician a los que más tienen. Los más pobres no tienen tarjeta, porque los costos fijos no justifican la ganancia marginal y porque los bancos no se interesan tanto en ellos. Es otra prueba más de que los ricos siempre tienen más herramientas para defenderse de la inflación alta que los pobres’, indica Francisco Gismondi, ex gerente de Economía y Finanzas del Banco Central. Así, dice, también lo refleja la encuesta de la Universidad Di Tella sobre confianza del consumidor, en donde la confianza para la compra de durables es mayor y aumenta más durante el último año en los ricos que en los pobres.
Ahogo financiero
Pese a todo, el riesgo de que la población argentina -al menos, de que un segmento- se esté endeudando más allá de sus posibilidades, tal como ocurrió en España o EE.UU., es bajo. Por lo pronto, según estudios privados, el nivel de endeudamiento con tarjeta se ubicaría en torno a 0,6% del salario, mientras que en EE.UU. es del orden del 2,5%. Las familias argentinas, en su conjunto, tampoco están tan endeudadas como en otros países de la región. El crédito privado con respecto al PBI es hoy de solo 12%, contra el 40% de Brasil o el 70% de Chile.
‘La actividad crediticia viene creciendo fuerte desde principios de año, y no hay alarmas desde el punto de vista de la mora’, asegura César Calomino, director de marketing de Equifax Veraz. Además, agrega Pablo Curat, socio de Curat, Martínez Larrea & Asociados, la banca argentina funciona muy apoyada en créditos personales, en gran medida, a asalariados y jubilados, en donde el pago se descuenta directamente de una planilla de haberes.
Los bancos argentinos, en tanto, todavía tienen fresco el recuerdo de la crisis, por lo que también son bastante conservadores. ‘Desde el punto de vista de los límites de crédito que se fijan para cada tarjeta, los bancos han sido expertos. Muchos incluso combinan las deudas de créditos personales con las de tarjetas, de manera tal que un cliente no pueda excederse más allá de sus posibilidades’, opina Carlos Gorleri, presidente y CEO de Credencial Argentina, compañía que se encarga de procesar las tarjetas de bancos y retailers. También los clientes no parecen desbordados. Kemec, de Nevada, dice que sólo 10% de su cartera está utilizando todo su límite de financiamiento.
Ahora bien, otros expertos como el ex secretario de Finanzas Daniel Marx advierten que sí podría existir un estrangulamiento financiero en algunos casos puntuales, en el caso de que el Gobierno decidiera ponerle de golpe un freno a la economía. Quien compra en 50 cuotas, lo hace especulando que mantendrá su empleo y tendrá ingresos iguales o mejores en el mediano plazo. Pero cuatro años puede ser un plazo bastante largo para la economía argentina. ‘Si suben las tasas de interés o se cierra el grifo del gasto es otro escenario. El tema del cortoplacismo es gravoso’, coincide Méndez, de Finsoport, que subraya con preocupación el hecho de que 42% de la deuda del sector privado con el sistema vence en tres meses o menos. Por ahora, no obstante, se descuenta entre los expertos que intentará mantener la actividad (y el consumo) a todo vapor, al menos, hasta las elecciones presidenciales, en octubre del año que viene.
‘Vamos a cerrar el mejor año desde 2003’, se entusiasma Rubén Nocera, gerente general de Banco Nación. ‘Con tarjeta vendimos en el primer semestre $ 1200 millones o un 60% más que el año pasado. Y los préstamos personales, que se habían amesetado en el primer trimestre, están creciendo a un ritmo superior al de 2008, que fue un año récord. Todo con una morosidad de sólo 1,02%, la más baja del sistema’.

fuente: lanacion.com

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